El 17 de mayo recuerda una decisión histórica de la Organización Mundial de la Salud, pero su vigencia no depende de repetir cada año el mismo lema. En Querétaro permite revisar qué significa dejar atrás la patologización y por qué el acceso a los derechos necesita instituciones capaces de actuar ante la discriminación.
Una fecha que cambió la forma de nombrar
El 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud retiró la homosexualidad de la clasificación internacional de enfermedades. El cambio fue un hito científico e institucional, pero también una rectificación histórica: durante décadas, la diversidad sexual había sido descrita mediante categorías que facilitaron exclusiones, tratamientos coercitivos y estigmas que no desaparecieron con una resolución.
La fecha se convirtió posteriormente en el Día Internacional contra la Homofobia, la Bifobia y la Transfobia, conocido en diversas formulaciones como IDAHOBIT. No se creó para celebrar que el problema estuviera resuelto. Se conmemora precisamente porque las instituciones pueden abandonar una clasificación discriminatoria mucho antes de que las prácticas sociales y administrativas dejen de reproducirla.
En el archivo de esta cabecera existen antiguas notas del 17 de mayo con distintos lemas anuales. Sus mensajes fueron útiles como fotografía del momento; no tiene sentido sumarlos uno tras otro y publicar un mosaico de campañas envejecidas como explicación vigente.
La despatologización no fue un acto único
La historia de la salud, la sexualidad y el género no cabe en un solo día. El hito de 1990 se refiere a la clasificación de la homosexualidad; otras transformaciones, incluidas las relativas a identidades trans y a los sistemas diagnósticos, tuvieron trayectorias distintas. Confundirlas borra la precisión que hace valiosa la efeméride.
Tampoco basta con la desaparición de una etiqueta para garantizar que la atención sanitaria sea respetuosa. Una consulta médica puede seguir llena de suposiciones; una persona puede evitar describir su vida por temor al juicio y una institución puede carecer de protocolos adecuados incluso mientras utiliza un lenguaje formalmente inclusivo.
Por eso el 17 de mayo permite hablar de trato, información fiable, confidencialidad y acceso, además de violencia. No toda discriminación se presenta como agresión abierta; a veces aparece como una pregunta innecesaria, un formulario que excluye o la negativa a tomar en serio una denuncia.
Entre la consigna y la responsabilidad pública
Las campañas anuales cumplen una función: reúnen personas, ofrecen palabras compartidas y ponen una preocupación en la agenda. Su límite aparece cuando el lema reemplaza al seguimiento. Si un municipio, universidad, empresa u organización publica un mensaje de respeto, la evaluación útil empieza por comprobar qué procedimientos existen para hacerlo cumplir.
En Querétaro, una agenda territorial sobre discriminación debería buscar respuestas verificables: dónde se presenta una queja, qué instancia es competente, cuál es la ruta de atención, cómo se protege la confidencialidad y qué resultados públicos agregados pueden consultarse. No es responsable prometer recursos locales sin revisar sus canales y funcionamiento en la fecha de publicación.
La perspectiva no debe reducirse a una categoría genérica de hombres gays. Las experiencias de personas bisexuales, trans, no binarias, intersex y lesbianas exponen barreras distintas; la atención institucional necesita reconocerlas sin convertir cada identidad en un diagnóstico o en una sospecha.
Un día para evaluar el resto del año
En una ciudad que atrae estudiantes, profesionistas, familias y personas recién llegadas, el trato cotidiano puede ser más revelador que cualquier discurso. No siempre es posible anticipar si alguien encontrará apoyo al denunciar una agresión, al solicitar un servicio, al acudir a una consulta médica o al hablar de su vida familiar. La existencia de derechos formales importa; saber cómo se ejercen, también.
Por eso conviene que el 17 de mayo no sea solamente una publicación anual ni una lista de consignas. Puede funcionar como recordatorio editorial para preguntar qué políticas cambiaron, qué instituciones corrigieron prácticas y qué problemas siguen sin recibir respuesta.
La retirada de la homosexualidad de la clasificación de enfermedades fue una rectificación decisiva. La prueba que continúa abierta es más difícil: que ninguna persona tenga que justificar su dignidad cada vez que entra en una oficina, un salón de clases, un consultorio o un espacio público.



